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Pegaso, el grupo chileno que quiere comprar a Alianza Lima


Eran las once de la noche del viernes 22 de marzo y el Perú se vestía de fiesta tras el triunfo conseguido por el equipo de Sergio Markarián ante Chile en el marco de las eliminatorias mundialistas rumbo a Brasil 2014. Los hinchas tomaban las calles por asalto y dejaban volar sus ilusiones. ¡Qué mejor motivo para estar feliz! Pero a esa misma hora, en un lujoso hotel de San Isidro, se iba a dar inicio a un nuevo encuentro –quizá más amistoso que el jugado en el Nacional– entre peruanos y chilenos. La única diferencia es que aquí nadie lucía camisetas rojiblancas o rojas ni menos chimpunes, sino trajes elegantes y zapatos con brillo. Tampoco se jugaba por tres puntos porque el objetivo principal era buscar alianzas estratégicas con el afán de alcanzar réditos empresariales a futuro.

Quizá motivados por la curiosidad, el interés o el hinchaje que sienten por Alianza Lima, socios del club –con Pío Dávila a la cabeza– acudieron hasta el Hotel Country Club, el punto de concentración de una reunión que fue cordial y tensa por momentos. Duró lo mismo que un partido de fútbol; es decir, 90 minutos más descuentos. Carlos Franco y César Torres también formaron parte de la comitiva blanquiazul. Ahí los esperaban muy sonrientes los inversionistas chilenos Jorge Barrera y Andrés Guiloff, cabezas principales de Pegaso Chile. Como buen anfitrión, Guiloff se mostró amable para ganarse la confianza de sus invitados. Era el de la voz cantante y se presentó como uno de los inversionistas de mayor prestigio de la empresa sureña.

Pegaso, el grupo chileno que quiere comprar a Alianza Lima

El hombre de negocios expuso una propuesta genérica, pero también se mostró ambicioso y ganador. Dijo que estaba dispuesto a invertir una millonada de dólares al año. Habló del trabajo de las divisiones menores, la construcción de la Universidad Deportiva del club, la creación de un programa de vivienda y contrataciones A-1 para el equipo. “Si nosotros estuviéramos en este momento en la administración, no habría más deudas”, repetía una y mil veces Guiloff como tratando de convencer a los socios victorianos. Las expresiones posteriores de Carlos Franco y César Torres ofrecían variados matices: dudas y cuestionamientos. Solo un entusiasta Pío Dávila gritaba a voz en cuello. “Ya, ya, arreglen… El dinero no tiene nacionalidad”.

Lo de Pío Dávila no es nuevo, se sabe cómo actúa, dice lo primero que se le viene a la mente sin ningún tipo de inconvenientes. “Creo que la administración temporal de la señora Cuba cumplió su ciclo. Es hora que gente solvente y con ideas nuevas se haga cargo del club. Pienso que la solución sería crear una ley que convierta a los clubes en sociedades anónimas. Solo así las crisis se alejarán del fútbol”, apuntó el ex presidente victoriano tras ser interrogado por La República.

–¿Es verdad que Pegaso lo buscó para que sea la cara visible de esta empresa en el Perú?

–”Sí, me buscaron en diciembre del 2012, pero les dije que no tenía interés por regresar, pese a que era un cargo rentado. Por eso convoqué a un grupo de socios de Alianza para conversar con los inversionistas chilenos. Cuando me reuní con ellos (Pegaso) reflejaron ser gente seria. Pero es muy fácil hablar porque a la hora de sacar la billetera no sueltan el dinero fácilmente”. En esa misma noche, Dávila sugirió a César Torres –un socio muy bien visto en el club y abogado del presidente de la Federación Peruana de Fútbol, el controvertido Manuel Burga– para que se convierta en la cara visible de Pegaso en el Perú. La respuesta de Torres fue un rotundo “no”.

Un personaje que encrespó esta reunión fue el arquitecto Carlos Franco, quien disparó con munición gruesa a los inversores chilenos por su asociación con Guillermo Alarcón. “A ustedes se les advirtió que no negociaran con Alarcón, quien es un apestado en el Perú, pero aun así lo hicieron. Fue tonta la decisión de ustedes de haber sido casi cómplices de un tipejo sin escrúpulos como él”, se le oyó decir a Franco.

El arquitecto –quien lideró la campaña de rescatar a Alianza de las garras de Alarcón y Pegaso– se mostró a la defensiva cuando le consultamos sobre dicha reunión y se limitó a decir que no daría detalles de lo sucedido esa noche. “No soy quien para ventilar algo privado. Solo te diré que mi postura es la misma de hace un año. Yo estaré con un rifle en la mano para dar lucha contra aquellos que quieran ingresar a tomar las riendas del club de manera ilegal así sean chilenos, uruguayos o nacionales. A mí nadie me compra, no tengo precio, además hay capitales peruanos que también pueden manejar a Alianza de manera exitosa”.

Más adelante y retomando con lo sucedido en el Country Club, el empresario chileno confesó haberse reunido en enero de este año con dos socios de primera línea del club aliancista como Augusto Claux y Salomón Lerner, pero sin resultados alentadores. Sobre el primero apuntó: “Este tipo me hizo sentir como un ‘granuja’. Me trató muy mal”. Del segundo señaló: “Este es más político, me escuchó, me invitó galletitas, pero no me tomó el interés del caso”.

Guiloff, herido en su orgullo, pero consciente de la mala imagen que tiene el Grupo Pegaso –quizá por su acercamiento con Guillermo Alarcón y el antichilenismo que existe para ciertos temas sensibles– buscó la manera de acercarse a Palacio de Gobierno. Incluso pidió una cita con la primera dama Nadine Heredia para hacerle conocer sus buenas intenciones de invertir capital en el fútbol, sobre todo en Alianza Lima. En la casa de Pizarro jamás lo recibieron.

Por eso, en el corolario de la reunión, Guiloff se mostró enfático y amenazó: si no conseguía un aliado dentro del club (llámense socios que quieran apostar por su causa) estaba dispuesto a tomar un camino no muy amistoso. Así, confesó que ya contaba con un estudio de abogados y una estrategia de prensa para concretar el objetivo de convertirse en el segundo acreedor de Alianza después de la Sunat. ¿Algo más? Sí. Pegaso planea comprar al ente tributario la deuda aliancista de 15 millones de dólares. A ello  sumaría los 350 mil dólares de acreencias reconocidas por Indecopi y una presunta deuda por el monto de un millón 87 mil dólares que aún se viene evaluando en la Comisión de Procesos Concursales del ente regulador. Esta última como parte del costo de la pretemporada en Chile del 2012, asesoría deportiva y la compra de la deuda laboral de siete jugadores (Henry Quinteros, Manuel Corrales, José Carlos Fernández, Hernán Peirone, Edgar González, Miguel Curiel y Salomón Libman) más la de los trabajadores. De ganar este litigio Pegaso, lo más probable es que Guillermo Alarcón, muy orondo, pegue la vuelta a Matute.

Amistades peligrosas

¿Pero cuándo se empezó a rodar esta historia? ¿Quiénes fueron los actores principales? Todo se inició en junio del 2011 cuando Jorge Barrera, de Mercom, filial de Pegaso Chile, visitó Lima para sostener varias reuniones en casa de Guillermo Alarcón. El primer paso de la empresa sureña fue comprar los derechos de los partidos amistosos de los victorianos por 350.000 dólares durante la pretemporada 2012.

Sin embargo, el verdadero propósito era el de encargarse de todo el manejo administrativo y contable del club. De esta manera el grupo de inversionistas asumiría desde la publicidad estática hasta la cesión de derechos de todos los futbolistas que tuviesen contrato con Alianza. Para ello un astuto Guillermo Alarcón –al mejor estilo del ruso Gary Kasparov– movió bien sus fichas en su tablero. Inscribió en Registros Públicos el artículo 47 del estatuto de Alianza con el fin de que se pueda realizar todo tipo de convenios para el club con solo su firma y nombre, sin tener que llamar a asamblea de socios. Luego, para que tome más fuerza su “operativo”, fundó junto a su socio Jorge Barrera la International Group Pegaso Perú Sociedad Cerrada, que fue inscrita en Registros Públicos el 28 de febrero del 2012. Para esta tarea se le encargó la gerencia a Carlos Dávila Valdivia –hijo de Estela Valdivia, abogada del ex asesor de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos–.

También aparecen en la junta directiva el mexicano Jesús Martínez Jiménez (presidente) y Félix Alcántara (director). La misión de Pegaso Perú era convencer a empresarios de invertir en clubes al borde del colapso. Así aparece en esta historia Andrés Guiloff, el del maletín de dólares que sirvió para comprar la deuda laboral de los jugadores y trabajadores. “La idea de ‘Pocho’ era mandar a segunda a Alianza y venderlo barato a Pegaso”, nos comenta nuestra fuente. Alianza era tierra de nadie: había deudas de hasta siete meses con el plantel, el club carecía de agua y luz, se fueron 17 jugadores por falta de pagos e información contable desaparecida como por arte de magia. Por eso la reacción de los socios opositores al mandato de Alarcón no se hizo esperar. Carlos Franco y Fernando Farah –enfrentados políticamente– fueron los abanderados de esta cruzada que buscó sacar al club del infierno en el que se encontraba.

La pesadilla acabó cuando en la asamblea de socios del 20 de abril del año pasado determinó la salida de Alarcón y semanas después Alianza se allanó a Indecopi mediante el decreto de urgencia expedido por el gobierno con el fin de salvarlo de la quiebra. El 26 de abril del 2012, Indecopi designó a Alba Consult S.A.C. con Susana Cuba como la cabeza visible, declarada por Pegaso “enemiga pública” hasta hoy.

Guerra avisada

Pero la idea del Grupo Pegaso no solo es adjudicarse el rótulo de segundo acreedor de Alianza Lima, sino que también tiene planeado sacar del camino a la actual administración temporal (Alba Consult S.A.C.) y lograr a través de influencias el nombramiento de una gerencia afín a sus intereses. Por ello, a fines de marzo, la empresa chilena mediante su abogado Esteban Carbonell O’Brien presentó una denuncia contra Susana Cuba y la Comisión de Procesos Concursales del Indecopi en la cual argumenta parcialidad y la acusa de no reconocer las acreencias que tienen sobre el club blanquiazul.

“El Grupo Pegaso ha presentado una acreencia que asciende a un millón 87 mil dólares y a la fecha la solicitud de reconocimiento de crédito se encuentra en evaluación por la Comisión de Procesos Concursales del Indecopi . Esta acreencia engloba a ocho contratos celebrados por la anterior gestión del club Alianza Lima con mi cliente y por los montos establecidos Pegaso se convierte en el segundo acreedor en acreencias”, sostuvo Carbonell O’Brien, quien descalificó el trabajo que realiza Alba Consult S.A.C. al frente de Alianza.

Con la siguiente respuesta a La República, Susana Cuba estableció la postura de la administración temporal ante los ataques de Pegaso: “Yo estoy tranquila. A mí nadie me va a atemorizar con denuncias. Además sé que Indecopi desestimó el pedido de Pegaso. A ellos no se les han reconocido algunas acreencias porque la gestión anterior no presentó documentos fehacientes sobre los referidos adeudos. El deseo de algunos no va a influenciar en la junta de acreedores para que se me revoque”.

Para darle una vía de escape a esta espinosa situación, seguramente será Indecopi el encargado de llamar a una junta de acreedores y así establecer el futuro de un club como Alianza Lima, que no solo juega partidos dentro de una cancha de fútbol, sino también da pelea detrás de los escritorios en defensa de su patrimonio.

Clave
Apunte. El abogado Esteban Carbonell O’Brien también se ha presentado como acreedor a Indecopi. Dice que Alianza le debe 50.000 dólares de asesorías y consultorías en la época de Pocho Alarcón. Es abogado del ex presidente de Alianza para el tema del embargo de su casa por falta de pagos.

One comment

  1. es de lo mejor que leido hace poco, me gusta la forma en la que escribes, me suscribo a tu newsletter

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